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¿ES PETRO UN MISÓGINO DE CLOSET?

  • Foto del escritor: Camila Peña
    Camila Peña
  • 16 feb 2025
  • 6 min de lectura

Actualizado: 7 ago



El pasado Consejo de Ministros del 04 de febrero que ha dado tanto de que hablar, puso sobre todo de relieve el lugar que ocupan las mujeres y su agenda, no solo en términos de política pública, sino en el ejercicio del poder y del gobierno. A Gustavo Petro los medios de comunicación no lo han bajado de misógino y machista, y sus desafortunadas afirmaciones le otorgaron el rótulo del patriarca del año.


Cuando de atizar los fuegos en el mundo de la política se trata, este tipo de faltas pueden costar caro, y luego de 6 horas de reunión, la opinión pública llego a varias conclusiones: el gobierno está desordenado, el presidente Petro fue pusilánime con su equipo de trabajo, figuras cuestionables como Benedetti y Sarabia son protagónicas en este ejercicio de poder, y el presidente es un machista de primera categoría.


Pero más allá de la efervescencia política de ese momento y de los debates suscitados, entre otras, por el sensacionalismo rimbombante que se impone a la reflexión mesurada, es importante volver a la objetividad o por lo menos intentarlo, y hacer un análisis de lo que significó este histórico momento del gobierno actual, no solo por lo bochornoso que haya sido para la mayoría de la opinión pública, sino por el ejercicio público que significó y por la radiografía del panorama político que permite también interpretar buenos síntomas en el marco de una democracia en donde hay acceso a la información y derecho a expresar opiniones de forma libre, pero, en lo que respecta a esta opinión, al lugar de los feminismos en ello.


¿Se puede afirmar con base en las declaraciones hechas en el mencionado Consejo, que el presidente Petro es un misógino de closet? Si esto es afirmativo, ¿cuál es el impacto en su ejercicio de gobierno y en la materialización de la agenda de las mujeres a través de políticas públicas?


Lo primero, antes de proceder hacer un “diagnóstico”, será decir que la misoginia se traduce en conductas de odio, violencia y/o crueldad hacia las mujeres, y su sustento ideológico es la creencia de la superioridad de los hombres frente a ellas (ONU Mujeres). Con esta claridad, vale la pena resaltar aquellos fragmentos del Consejo de Ministros en donde el Presidente Petro se refirió concretamente a cuestiones de las mujeres, y así identificar el odio, violencia y crueldad en su discurso.


En un primer momento, ante la intervención de la ministra de ambiente, Susana Muhamad, quien manifiesta su descontento por el nombramiento de Benedetti y señala que como feminista no puede sentarse en la misma mesa con el cuestionado ex senador, el presidente Petro comete los siguientes errores: a pesar de aceptar que no conoce mucho del feminismo, teóricamente hablando, pasa a explicarle a la ministra que hay feminismos que destruyen hombres, como hombres que matan mujeres, no obstante reconoce que la izquierda sigue siendo machista.


Aquí su error no es solo intentar explicar a la ministra un tema que ella maneja y conoce, o asemejar el feminismo y la defensa de la causa de las mujeres a la violencia machista, sino además valerse de ese argumento para defender a alguien cuestionado por violencia intrafamiliar, igual que lo hizo antes con Hollman Morris o con Daniel Mendoza. Hay que insistir que no es precisamente a las mujeres, quienes históricamente se han dedicado al cuidado de la vida, a las que hay recordarles que “el amor como motor de la existencia implica que no hay destrucción del hombre a la mujer ni de la mujer al hombre”, sino a esos hombres que lo han acompañado en su carrera política y a quienes no se atreve a cuestionar, defendiendo así lo indefendible.


Luego vuelve y se equivoca en su relato sobre los guerrilleros y la prostitución. Cuenta que los guerrilleros casi que, en un acto heroico, iban a visitar a las prostitutas para “liberarlas” y convertirlas en “revolucionarias”. No solo romantiza la explotación sexual de la cual son cómplices estos “héroes guerrilleros” sino que infantiliza a las mujeres que ejercen las actividades sexuales pagas. Las mujeres prostituidas no necesitan hombres valientes que las salven, sino un Estado fuerte que: 1. haga presencia en los territorios; 2. Persiga y condene la trata de personas y el trabajo sexual forzado.


El uso de la violencia sexual como arma de guerra, y los cuerpos de las mujeres como territorio de batalla, ha sido expuesto por las víctimas y señalado por autoridades como el Centro de Memoria Histórica y la Jurisdicción Especial para la Paz. El presidente del gobierno del cambio, que durante 6 horas habló con tanta firmeza sobre las causas del conflicto en Colombia, no puede desconocer los vejámenes que han sufrido las mujeres de forma específica, y que no cesan hasta el día de hoy. Como muestra de ello, en el marco del conflicto en el Catatumbo se ha denunciado la explotación sexual a través de la prostitución promovida por parte de los grupos armados que tienen el control del territorio. Señala la Corporación Mujer denuncia y muévete (MDyM)[1] que desde 2018 han identificado a más de 5 000 mujeres en contextos de prostitución, y que para los años 2022-2024 se reportaron 167 casos de trata de personas, dentro de los cuales 125 fueron reconocidas como víctimas del delito de Trata.


Por tanto, aunque el presidente Petro parece tener ciertas claridades políticas e históricas, al reconocer la participación del Estado Colombiano en situaciones de corrupción, así como la historia de violencia y despojo, conocer y denunciar momentos claves como el genocidio de la Unión Patriótica o la Operación militar Orión en Medellín, entender el lugar de los países del sur global en el panorama internacional, e incluso la importancia de García Márquez para la literatura del país; logrando así ver el bosque más no el árbol como tanto recalcó, se queda corto, como fiel reflejo de la izquierda machista que él mismo admite que existe, en el conocimiento no solo de feminismos, sino en el análisis de la situación de las mujeres en el país. A su bosque le siguen faltando árboles.


Si bien, al parecer no es su propósito promover odio o violencias hacia las mujeres, y aunque insuficientemente alcanza a reconocer que hay hombres que matan mujeres, o que las niñas y jóvenes son prostituidas en Medellín, y que las mujeres guerrilleras han sido forzadas a interrumpir embarazos, sigue estando en deuda al negarse a aceptar que el sistema patriarcal que violenta mujeres todos los días y en todo el mundo, se alimenta de discursos como del que él se valió para justificar una decisión a la que todo su equipo se opone. Se puede decir que Petro no es solo arrogante hacia las mujeres, sino hacia todo aquel que disiente de sus decisiones. Su apelación al “sectarismo” fue muestra de ello. Él no se cree superior a las mujeres en tanto hombre, sino superior que todo el mundo en tanto Gustavo Petro, o el último Buendía, como se autodenominó en un delirio casi Quijotesco. Como todo patriarca, no está dispuesto a cuestionar su lugar de privilegio, así como no cuestiona los señalamientos judiciales que pesan sobre Benedetti.


No obstante, retomando la pregunta sobre el impacto que puede tener su discurso sobre la forma de gobierno, vale la pena resaltar que de diecinueve (19) ministros del gabinete de Petro, diez (10) son mujeres, y de los cinco (5) departamentos administrativos, uno (1) está dirigido por una mujer. En materia de asignación de presupuesto, para los años 2024 y 2025 para el Ministerio de Igualdad, cuya cabeza es la Vicepresidenta Francia Márquez, en el rubro “Cierre de brechas de desigualdad e inequidad para el goce efectivo de derechos fundamentales de los sujetos de especial protección constitucional” de $523.007.132.456.704 de presupuesto, fueron asignados $498.912.000.000, más o menos el 3% del presupuesto total. [2]. Lo anterior muestra en la práctica un ejercicio de gobierno que hace esfuerzos por ser incluyente y promover a través de medidas afirmativas la participación de las mujeres en la toma de decisiones, y en la materialización de políticas públicas destinadas a superar estas desigualdades, aunque mantenga los vicios y sesgos del machismo que inunda todas las esferas de la vida social, no solo el discurso del presidente Petro. Ya veremos si liderazgos como el de Susana Muhamad, respetable tanto como política y en su ejercicio como ministra, serán sacrificados para mantener el lugar de Armando Benedetti.


En conclusión, yo dudo que el Presidente Petro odie a las mujeres o promueva violencias contra ellas. Su ejercicio de gobierno ha promovido la participación femenina a través de diversos mecanismos, o incluso a través de liderazgos como el de Laura Sarabia, sin entrar a profundizar sobre su naturaleza. Por lo cual la calificación de misógino me parece desproporcionada. Megalómano, puede ser. No obstante, queda claro que es la fiel representación del machismo internalizado en la sociedad y que debe seguir siendo denunciado, expuesto, pero además discutido, para que lleguemos a un mejor entendimiento, sin censuras, con respeto, sin calentar los ánimos, pero sin bajar la cabeza.   


Paradójicamente, y siguiendo la cita sobre la dialéctica que hizo Petro (todo se convierte en su contrario), Él y Trump tienen algo en común: los dos son la representación de la sociedad en la que vivimos y que solo somos capaces de juzgar a través de ellos y no en nuestra cotidianidad ni en la forma de relacionarnos con los más cercanos y cercanas. El machismo, racismo y xenofobia son los síntomas del mundo enfermo en el que todos y todas participamos. A mí me escandaliza más que cada vez que eso se hace público, a nosotros parece que nos coge por sorpresa la tragedia humana que se experimenta cada segundo en este planeta.


[2] Ver Ley 2342 de 2023 y Decreto 1523 de 2024.

 
 
 

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