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EXPLOTACIÓN SEXUAL, NARCOTRÁFICO Y OTROS RELATOS

  • Foto del escritor: Camila Peña
    Camila Peña
  • 18 dic 2023
  • 3 min de lectura


Jueves 10 de la noche, en la terraza del bar en donde trabajo, tomando una cerveza con mis compañeros después de una noche de mucho ajetreo.


Era el momento de liberar la fatiga y agradecernos como grupo por el trabajo en equipo realizado. Soy la latina dentro de un grupo de franceses. Desde que llegué a este rincón del sur de Francia he creído que soy como un elemento exótico, lo cual no me molesta, para ser franca, pero sí me genera muchas preguntas.


Me hacen bromas todo el tiempo por ser Colombiana; "Pablo Escobar, plata o plomo, cocaína, caliente". Todo lo aprendieron de una serie que se hizo popular en Europa. Yo río con ellos y les devuelvo las bromas; estoy en un momento de mi vida en el cual prefiero dedicar mi energía a comprender por qué las personas pensamos y nos relacionamos de las infinitas formas en las que lo hacemos, en lugar de la corrección política.


Conversábamos, y empezaron a hablar sobre la prostitución. Se quejaban porque en Francia está prohibida, decían que en España ya había "avanzado" el tema y que era considerado como un trabajo como cualquier otro, ¡porque pagaban impuestos! Yo sentí la necesidad de interpelarlos y lancé un: "C'est exploitation sexuelle, ce n'est pas un vrai boulot".


Siguió la conversación:

"- y tú, ¿has estado con una puta? - no, no he tenido la experiencia", respondía el preguntado.

"- ¿Cómo es en Colombia?, me preguntaron- sabemos que hay calles llenas de putas".


El sentido de la conversación fue todo el tiempo, como si se tratase de un crucero por el caribe, o un safari en África. Sin el más mínimo asomo de interés por las historias, contextos y vida de las personas que realizan actividades sexuales pagas. Así como cuando bromean sobre la producción de cocaína y Pablo Escobar; sin contexto, sin preguntas.


Recordé las calles de Bogotá, los prostíbulos en Tunja que alguna vez visité, en donde conocí mujeres migrantes cuya opción para sostener económicamente a su familia, fue acudir a un putero que, pienso yo, es un intermediario de poderes: recibe el dinero de quienes pagan por tener algo de poder del que carecen internamente y que les es provisto por parte de estas mujeres potentes. Fue entonces cuando me percaté de la frialdad que hay detrás de las narrativas que se legitiman en la ley de la oferta y la demanda y en la existencia del mercado de bienes y servicios en donde todo parece estar permitido. También de que hablar de situaciones profundas de forma tan superficial, conlleva inevitablemente a conclusiones superficiales como: "Mia Khalifa se hizo millonaria gracias a un video porno". Evidentemente, mis compañeros no comprenden la diferencia entre Mia Khalifa y las miles de mujeres y niñas que en todo el mundo son explotadas sexualmente.


Recordé las bromas sobre el consumo de cocaína, y como se puede banalizar la situación que enfrentan las familias que sufren por el desplazamiento armado, el conflicto por la tierra, la ausencia del Estado en los territorios apartados y controlados por los dueños del narcotráfico, la pobreza y la falta de oportunidades... todo esto en el marco de la ley de la oferta y demanda. ¿Quiénes producen y quiénes consumen?


Dijeron al final: "el dinero y el sexo son el motor del mundo" y yo pensé: ¿capitalismo y patriarcado, compañeros?


Fe de erratas: Intento ser cuidadosa y respetuosa en este escrito de la experiencia de las mujeres que reivindican la prostitución como un trabajo, porque no puedo señalar el lugar del privilegio de los hombres europeos, sin cuestionar el mío también. Y por eso preferiría debatir e intercambiar sentires y posturas con ellas, que sí están a la altura del debate.







 
 
 

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