¿ QUÉ HACER CON EL MIEDO EN COLOMBIA?
- Camila Peña
- 16 dic 2023
- 3 min de lectura
Actualizado: 9 feb 2025

En Colombia el 07 de agosto de 2022 se posesionó Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda en la historia de nuestro país, junto a Francia Marquez, la vicepresidenta. Para quienes hemos estado de ese lado de la historia, su llegada al poder también representó la llegada de las voces nunca antes escuchadas, de hecho, silenciadas violentamente; de las mujeres, los campesinos, los estudiantes, las personas racializadas, la comunidad LGBTI, los nadie, como enfáticamente enunció Francia Márquez.
A casi 7 meses del primer gobierno de izquierda en 200 años de historia, y hago énfasis en los tiempos para llamar la atención también en la proporción de los ataques que ha recibido el autodenominado, gobierno del cambio. No ha desperdiciado un instante la oposición, para hacer del debate público y político, una discusión lejos de ser propositiva, sino más bien pendiente del baile de Verónica Alcocer, o del profesor de piano de las hijas de Petro que ahora es ministro, en fin.
El gobierno del cambio nombró una cartera de ministros prometedora, puso a personajes como José Antonio Ocampo, Carolina Corcho, Cecilia Lopez, Gloria Inés Ramírez, el saliente Alejandro Gaviria, entre otros y otras.
El gobierno del cambio, promueve una economía más limpia y menos extractiva, le apunta fortalecer el sistema pensional, la educación y la salud, pero a su llegada se encontró con una inflación que cerró el año pasado en 13% y desempleo del 11%, lo que significa un panorama difícil para ampliar el gasto público debido al déficit fiscal que enfrenta el país, que, aprovecho para decir, no es responsabilidad de Petro y su mandato de 7 meses.
Colombia no es el único país de la región ni del mundo con una inflación de ese nivel, y es importante que se entienda que, parafraseando al nobel en economía, Piketty, cuando en Europa ocurre una gripa, en los países en vías de desarrollo se produce una neumonía.
¿Por qué? Porque tenemos economías dependientes, y porque el tan anhelado desarrollo se sustenta de la explotación de nuestros recursos y nuestra fuerza de trabajo.
Retomando, Petro propone no solo unas reformas a sistemas concretos, sino un proyecto de país, ambicioso y colectivo, para lo cual ha presentado dos reformas estructurales: una tributaria y otra al sistema de salud que lleva funcionando bajo el modelo de las EPS aproximadamente 30 años. Los cambios no siempre nos gustan, los cambios siempre son incómodos, y sobre todo, cuando se amenaza la estabilidad de una minoría que siempre ha tomado las decisiones. Esta minoría nos hizo creer que las empresas que no pagan impuestos, o las transnacionales que explotan nuestros recursos, son benefactores intocables, y que si “se asustan” o hay “incertidumbre en el mercado” los perjudicados seremos todos y todas.
El miedo ha sido la principal herramienta de las élites, y estamos acostumbrados a él porque la vida misma siempre ha estado en riesgo. Nos enfermamos colectivamente viendo muertos en las noticias, masacres, y el nuevo gobierno amenaza con quitarnos lo único que hemos tenido: miedo.
Este escrito estaba pensado en ser un llamado de atención al presidente Petro, que seguramente ni me escuche ni me lea, pero sentí el impulso de decir lo que pienso de cualquier manera, porque sus anuncios muestran improvisación y autoritarismo, y considero que debería leer mejor a sus no electores, para quienes también administra el país, y también a quienes confiamos en él, porque no se trata de su nombre y protagonismo, sino de un proyecto en el que creemos y por el cual nos hemos alentado en las calles. Pero a medida que fui escribiendo se convirtió en un llamado para quienes sentimos miedo, o sea, para todos y todas. El miedo puede paralizarnos o alentarnos. Podemos hacer de nuestras emociones un motor de cambio y bien común, podemos dominarlas o dejar que nos dominen, y eso lo saben quienes tienen el poder, sea del sector o la orilla política que sea.
El movimiento social no puede ser controlado por el miedo, el gobierno del cambio tampoco puede servirse de este para gobernar. Los y las nadie no somos el comité de aplausos de un mesías salvador, somos personas que sabemos como se conquistan los derechos, y debemos estar en capacidad de acompañar y presionar en la toma de decisiones que a todos y todas nos convengan.
Vamos a estudiar, vamos a fortalecer la organización popular y de base para que no nos manipulen, vamos a ir a elecciones informados, y así, creyendo en que el amor perfecto hecha afuera todo temor seguiremos avanzando hasta que la dignidad se vuelva costumbre, como bien dijo Francia Marquez.




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